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ADÍOS A LA GRAN VÍA

ADÍOS A LA GRAN VÍA

La pasada semana, tenía un poco de tiempo libre y decidí acercarme para ver como están quedando las obras del tranvía. Esta obra, tan contestada socialmente, ha causado verdaderos perjuicios a los vecinos y comerciantes de la zona, contratiempos que no han terminado ya que, difícilmente, esa calle volverá a ser lo que fue.

 

La Gran Vía, era una de las calles más amplias y hermosas del centro de Zaragoza, ciudad acostumbrada a calles pequeñas y cortas, a desarrollos urbanísticos bastante salvajes que dejaron que la piqueta se llevara por delante numerosos edificios modernistas del Pº Sagasta y otros tantos con valor histórico en toda la zona centro.

Después de ver el aspecto que tiene ahora, tanto esta calle como la que le continua, Fdo. El Católico, comprendo perfectamente la contestación vecinal. Los árboles que no han cortado, han quedado bastante dañados por las obras y casi ya no les quedan hojas, así que la fresca sombra del paseo central ha quedado reducida a una escasez que apena. La Pza, San Francisco, tan hermosa y llena de árboles ha dejado paso a una estatua que parece que se vaya a derretir bajo el aplanante sol de principios de septiembre.

 

Desde luego, el Sr. Belloch, ha sido un incapaz con todo este asunto. Aquí ha demostrado que no conoce esta ciudad y que va directamente en su coche oficial de su despacho a su chalet. Quien le sugirió esta “fantástica idea” parece que en vez de buscar su beneficio buscara “segarle la hierba debajo de los pies”. La ciudad ha gastado millones y millones de euros en un transporte cuyo trayecto ya lo cubrían numerosas líneas de autobuses, se ha cerrado prácticamente el acceso al mayor hospital de Aragón y se ha dejado una calle que tenia tres carriles para circulación, con un carril para coches, autobuses, taxis, ambulancias, policía, bomberos, ......Bajo mi humilde punto de vista un nuevo desastre urbanístico que se suma a esa obsesión de extender una ciudad que no crece en habitantes y el abandono sistemático de los barrios consolidados, que se deterioran, sin que se vea a todo esto final, ya que ahora tienen miles de pisos en el sur de la ciudad que veremos si algún día se llegan a habitar o se quedan convertidos en barrios fantasmas.

 

Tanto los desarrollos urbanísticos, los viales y los medioambientales, deberían ser asuntos que tuvieran un amplio consenso social, ya que somos los ciudadanos los que sufrimos las catástrofes con las que estamos conviviendo en estos últimos años. Zaragoza ha gastado dinero sin control en proyectos, reproyectos y requeteproyectos sobre el campo de fútbol; los restos de la Expo2008, el parque del agua y sus alrededores son pasto de la desidia y la cochambre; el seminario ha resultado un coladero de dinero;  no se terminan las obras comenzadas y las prometidas se quedan en el cajón del olvido. Eso sí, nosotros seguimos pagando impuestos que no se sabe muy bien donde van.

 

Hay que bajar al suelo, sentir la calle, escuchar a los ciudadanos. Necesitamos una nueva forma de participación, sin clientelismos, que pueda llevar la voz de los zaragozanos, elevarla, para que se tenga en cuenta a la hora de realizar grandes proyectos que afecten a la ciudad. El Sr. Belloch ha olvidado que está sentado en el sillón del alcalde porque los zaragozanos así lo quisieron y que por lo tanto es a ellos a quien debe dar cuentas y a quien debe oír. Se necesitan nuevas ideas, nuevas formas que acerquen el ayuntamiento a la realidad de una urbe, que parece hundirse en su propia contradicción: crecer o morir.

 

 Pardina Baxa

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